domingo, 10 de junio de 2012

La luna llena

Cada luna llena es una gran oportunidad para obtener el alineamiento. Cada luna llena tiene su propio esplendor. Debemos entender que la luna llena posibilita la manifestación de la luz en lo físico. Todo queda iluminado, incluso el cuerpo. El alineamiento entre el Sol, la Luna y la Tierra en el cielo es un gran momento. Si tenemos el equilibrio suficiente, cuando el alineamiento comienza en el cielo, tiene lugar también en nosotros, de modo que la luz es experimentada por doquier.

Es más importante vivir en silencio durante las horas de la luna llena que las expectativas sobre la luna llena. Mantengan la mente tan callada como sea posible, tan quieta como sea posible, minimizando las palabras y las acciones, de modo que los rayo del sol o el rayo del alma, o la luz del alma sea correctamente reflejada sobre la mente, y la mente silenciosa sea un medio transparente que permita la reflexión de la luz solar como luz lunar sobre el cuerpo conformado de siete tejidos. Consecuentemente, experimentarán la magia de la luna llena en ustedes.

MAESTRO PARVATHI KUMAR

EL ÚLTIMO DE LOS MOHICANOS



En ‘La civilización del espectáculo’, Vargas Llosa acierta al diagnosticar el final de una era: la de los intelectuales como él. Parece añorar los buenos tiempos en que una élite —justa e ilustrada— conducía nuestras elecciones


El último sabio de la tribu recorre el campo de batalla. Ante su mirada comparecen los árboles troceados, las cabañas incendiadas, los cuerpos exangües, los restos del pillaje y el saqueo, y no contiene su furia. Levanta los brazos y, con voz de trueno, impreca contra los bárbaros que han transformado al mundo en un páramo sin sentido. Con un nudo en la garganta, sigue su camino, consciente de que sus días están contados y de que —ay— ya nadie atiende sus consejos. Su nostalgia le impide recordar que, no hace tanto, sus palabras animaron la batalla.
En La civilización del espectáculo (2012), Mario Vargas Llosa se suma a la abultada lista de hombres de letras que, hacia el ocaso de sus días, se lamentan por la triste condición de su época. Si él no hubiese sido uno de los novelistas más portentosos y arriesgados del siglo XX —en muchos sentidos, el más joven—, recordaría al Sócrates que, en el Fedro, ruge contra la aparición de la escritura. Aunque a veces su tono moralista sea el de un héroe en el retiro, su voz mantiene la lucidez de sus mejores textos, aunque al final la ideología, más que los años, estropee algunas de sus conclusiones.
¿De qué se lamenta Vargas Llosa? De todo. Del estado actual de la cultura y la política, de la religión e incluso del sexo. Según él, todas estas vertientes de lo humano han sido pervertidas por la gangrena de la frivolidad. Ésta consiste “en tener una tabla de valores invertida o desequilibrada en la que la forma importa más que el contenido, la apariencia más que la esencia y el desplante —la representación— hacen las veces de sentimientos e ideas”. La frivolidad, pues, como causa de que la cultura haya desaparecido; de que los políticos se hayan vuelto inanes o corruptos; de que el arte conceptual sea un timo; y de que hayamos extraviado el erotismo. Por su culpa, vivimos en la civilización del espectáculo: una era que ha perdido los valores que separaban lo bueno de lo malo —en sentido ético y estético— y donde, al carecer de preceptores, cualquiera puede ser engañado por mercachifles.
Bajo esta justa invectiva contra el carácter banal —y venal— de nuestros días, Vargas Llosa parece añorar los buenos tiempos en que una élite —justa e ilustrada— conducía nuestras elecciones. Según él, la existencia de una auctoritas permitió el desarrollo de la cultura gracias a que un pequeño grupo de sabios, cuya influencia no dependía de sus conexiones de clase sino de su talento, señaló el camino a los jóvenes. (¿Quiénes serían esos aristócratas sin vínculos con el poder?) La consecuencia más perniciosa de la rebelión estudiantil de 1968 fue destruir la legitimidad de esa élite, provocando que toda autoridad sea vista como sospechosa y deleznable. Y, a partir de allí, le déluge.
La frivolidad está en el origen de una
tabla de valores invertida o desequilibrada
El de Vargas Llosa es un vehemente elogio de la aristocracia (en el mejor sentido del término). No deja de ser curioso que alguien que se define como liberal —invocando una estirpe que va de Smith, Stuart Mill y Popper a Hayek y Friedman—, se muestre como adalid de una élite cultural que, en términos políticos, le resultaría inadmisible: un mandato de sabios, semejante al de La República, resulta más propio de un universo totalitario como el de Platón que del orbe de un demócrata. Por supuesto, Vargas Llosa no admite la paradoja: a sus ojos, su lucha contra al autoritarismo político —de Castro a Chávez, pasando por Fujimori—, no invalida su defensa de la autoridad en términos culturales porque ésta se demuestra a través de las obras.
Reluce aquí la fuente de su malestar: si el respeto a la élite cultural se desvanece, los parámetros que permiten distinguir las obras buenas de las malas —y a los autores que merecen autoridad de los estafadores— se resquebrajan. En un mundo así, ya no es posible confiar en nadie, ni siquiera en un Premio Nobel. Las masas ya no siguen a los sabios y, en vez de escuchar una ópera de Wagner o leer una novela de Faulkner, se lanzan a un concierto de Lady Gaga o devoran las páginas de Dan Brown. Para Vargas Llosa, no lo hacen porque les gusten esos bodrios, sino porque dejaron de hacer caso a los happy few que, a diferencia de ellos, poseían buen gusto. Vista así, la cultura —esa cultura— desaparece. Y se impone el cáos.
Vargas Llosa no es, por supuesto, el primero en entristecerse al ver un estadio lleno para Shakira cuando sólo un puñado de fanáticos asiste a un recital de Schumann pero, en términos proporcionales, nunca tanta gente disfrutó de la alta cultura. Nunca se leyeron tantas novelas profundas, nunca se oyó tanta música clásica, nunca se asistió tanto a museos, nunca se vio tanto cine de autor. El novelista acepta esta expansión, pero piensa que algo se perdió en el camino, que el público de hoy no comprende el sustrato íntimo de esas piezas. ¿En verdad piensa que en el siglo XIX los lectores de Hugo o Sue, o quienes abuchearon la première de La Traviata, eran más cultos?
¿Qué es, entonces, lo que le perturba? En el fondo, sólo ha cambiado una cosa: antes, las masas trabajaban; ahora, trabajan y se entretienen. Pero al marxista que Vargas Llosa tiene arrinconado en su interior esto le resulta indigerible: al divertirse, sin abrevar en las aguas del espíritu, las masas están alienadas. En cambio, la pequeña burguesía ilustrada sigue allí, aunque ya no sea tan pequeña. De hecho, muchos de los lectores de Vargas Llosa provienen de sus miembros, aunque él también se haya convertido en parte de esa cultura popular que tanto fustiga —y que vuelve sinónimo de “incultura”.
Cuando extrapola este análisis a la política, sus argumentos se tornan más inquietantes
Cuando extrapola este análisis a la política, sus argumentos se tornan más inquietantes. Tras el fin del comunismo —el único lugar donde, por cierto, la alta cultura se mantuvo intacta—, las democracias liberales no han respondido a las expectativas de los ciudadanos. La causa es, de nuevo, la frivolidad. En la arcadia que dibuja, los políticos estaban comprometidos con un ideal de servicio que la civilización del espectáculo destruyó. Vargas Llosa no contempla que la actual crisis del capitalismo no se debe tanto a la falta de valores como a la ideología ultraliberal, inspirada en Hayek o Friedman, que hizo ver al Estado como responsable de todos los males y provocó la desregulación que precipitó la catástrofe.
Aún más lacerante suena la vena aristocrática de Vargas Llosa al hablar de religión. Él, que se declara no creyente y ha combatido sin tregua la intolerancia, recomienda para la gente común, es decir, para aquellos que no tienen la grandeza moral para ser ateos, un poco de religión, incluso en las escuelas. Aunque falsa, ésta al menos les concederá un atisbo de vida espiritual. Como cuando se refiere a la necesidad de devolverle ciertos límites a un sexo que juzga anodino, el discípulo de Popper no parece tolerar esa sociedad radicalmente abierta, en términos culturales, que tanto defendió en política.
En La civilización del espectáculo, Vargas Llosa acierta al diagnosticar el final de una era: la de los intelectuales como él. Poco a poco se difuminan nuestras ideas de autoría y propiedad intelectual; ya no existen las fronteras entre la alta cultura y la cultura popular; y, sí, se desdibuja el mundo del libro en papel. Pero, en vez de ver en esta mutación un triunfo de la barbarie, podría entenderse como la oportunidad de definir nuevas relaciones de poder cultural. La solución frente al imperio de la banalidad, que tan minuciosamente describe, no pasa por un regreso al modelo previo de autoridad, sino por el reconocimiento de una libertad que, por vertiginosa, inasible y móvil que nos parezca, se deriva de aquella por la que Vargas Llosa siempre luchó.
Jorge Volpi es escritor mexicano.

EL PODER DE LA MENTE

7 PASOS PARA PENSAR POSITIVO

La mayoría de nosotros mantiene una conversación mental constante. Nos hablamos a nosotros mismos durante todo el día y, desafortunadamente, muchas veces estas "conversaciones internas" son negativas. A menudo están marcadas por culpa sobre el pasado, o preocupación por el futuro. Esta negatividad puede destruir cualquier indicio de esperanzas que pudieramos tener sobre alcanzar nuestros sueños.

Nuestras acciones están basadas en nuestros pensamientos. Si cambiamos la forma en la que pensamos, podemos comenzar a cambiar las acciones que tomamos. El ser humano siempre busca el crecimiento personal; tanto sea financiera, emocional, física o espiritualmente. Practicar conversaciones internas positivas nos puede ayudar a comenzar con acciones que nos lleven a grandes resultados.


A continuación les dejo siete pasos para lograr una conversación interna positiva. Siguiendo estos pasos van a poder comenzar a desahacerse de sus conversaciones negativas, y reemplazarlas por pensamientos que los motiven a mejorar.

1. Eliminar la charla negativa.

El primer paso es darnos cuenta. Va a ser difícil realizar un cambio para pensar en positivo sin conocer íntimamente a los pensamientos que están en nuestra cabeza. Hace poco me soprendi al descubrir emociones fuertes reprimidas causadas por pensamientos negativos que había tenido hacía menos de 10 minutos. Sin ser consciente, hubiera llevado esta angustia y enojo conmigo. Al ser consciente de mis sentimientos, pude verlos y lidiar con ellos.

Sin duda que, si se tiene una larga historia de conversaciones internas negativas, va a ser un desafio importante a veces. La charla se vuelve negativa a lo largo de los años por varios motivos. Por ejemplo, si tu primer maestro te decía contínuamente que eras "tonto", podrías llegar a creer que es cierto. Vas a encontrar que tu vocecita interna a menudo habla de temas como "soy demasiado lento", o "me cuesta trabajo y me es dificil aprender". Si constantemente te cuentas historias negativas, tus acciones van a reflejar tu baja autoestima. Va a ser dificil que llegues lejos si siempre te estás sobajando.

Una charla negativa habitual incluye el "no puedo". Cuando te dices a ti mismo "no puedo" o "es demasiado dificil", estás creando resistencia. Un bloqueo mental como este te impiden hacer cosas en las que podrías triunfar.

Cada vez que te encuentres diciéndote "no puedo...", ¡para la pelota!, y desafiate a ti mismo con "¿por qué no puedo?". Los estudios demuestran que la mayoría de los genios se vuelven las personas que son por hacer un montón de trabajo dificil. Entonces, si quieres ser exitoso necesitas empezar a decir "Yo puedo" mucho más seguido.

Un buen método que encontré útil es decir "Cancelar Cancelar" cada vez que me encuentro diciendo algo negativo sobre mi mismo, tanto sea mental como verbalmente. Este método funciona si sinceramente tienes el interés de pensar en positivo.

2. Afirmaciones positivas.

Las afirmaciones son expresiones positivas de un resultado o meta deseada. En general son expresiones cortas, creibles y focalizadas. Al repetirlas a lo largo del tiempo abrimos nuevos caminos en nuestro subconsciente, creando la posibilidad de un nuevo orden de pensamientos.

Un paso importante al repetir afirmaciones es que se deben leer las afirmaciones a voz alta y con sentimiento. El leerlas simplemente no ayuda a menos que realmente sintamos lo que decimos.

Seguramente tengas dudas sobre esta técnica al principio. Sin embargo, si sigues estas simples instrucciones pronto tu descreimiento se irá yendo, reemplazado por fe en ti mismo.

3. Crear guiones positivos.

Una cosa que podrás observar es cuán facil le resulta a tu mente generar pensamientos negativos basados en otros pensamientos negativos. Esta charla nunca termina, sino que va aumentando el drama cada vez más, de manera que te limita.

De ahora en adelante, realiza este ejercicio. Invéntate una historia positiva, motivadora que fluya como el guión de una película. Visualiza la situación. Construye la historia con un final positivo; mientras más tiempo te la puedas contar, mejor. Mejor todavía si puedes hacer una historia que cuente cómo se cumplen todos tus objetivos. Cuando lo hagas, comenzarás a internalizar tus metas y sueños, como si fueran algo que ya lograste.

4. Reemplazar influencias negativas por positivas.

Es importante identificar factores externos negativos en tu vida que estén limitando tus pensamientos. Por ejemplo, tu estado mental puede intoxicarse si estás con amigos y personas que son negativas. Si no tienes el cuidado suficiente, vas a comenzar a adoptar sus pensamientos como propios. Por lo tanto, mantente alerta a influencias negativas. Si viene de amigos, limita tu exposición de esos pensamientos lo más que puedas. También, evita discutir tus planes con personas que no alientan y te ayudan en tus sueños y objetivos.

En cambio, rodeate de los pensamientos y acciones de las personas que te motiven. De estar poco inspirado y desmotivado, vas a pasar a sentirte positivo y más completo en el interior. Esta energía positiva de la que te rodeas va a comenzar a mejorar tus charlas internas también.

5. Mensajes en tiempo presente.

Te puedes encontrar apabullado con todas las cosas que necesitas hacer para cumplir tus objetivos. Simplemente puede parecer demasiado esfuerzo, demasiado complicado el lograr el éxito que tanto querías. Así, tu mente se atrapa en un sin cesar de preocupaciones.

Lo que puede ayudar es concentrarse en los pasos que puedes tomar en el presente. Si te encuentras trabado, reflexiona: "¿Qué puedo hacer justo ahora?". Cambia tu charla interna, dejando la ansiedad del futuro y pasando a tomar acción sobre el presente. No puedes controlar lo que ocurra en el futuro, pero si puedes tomar los pasos necesarios ahora que te permitirán tener un mejor mañana. Tomar estos pasos requiere focalizar tus pensamientos en el Hoy y Ahora.

6. Controlar los miedos.

El miedo es a menudo lo que nos aleja del éxito. Tienes miedo de tomar riesgos por miedo a perder la seguridad que gozas ahora. Tratas de convencerte que estás feliz en tu estado actual cuando, en realidad, no lo estás. Tu yo interior puede sonar positivo en un intento de mentirte a ti mismo. Pero de alguna manera, sabes que te estás engañando.

Pregúntate cuáles son tus miedos. ¿Qué es lo peor que pueda ocurrir? Toma un enfoque de paso-a-paso para analizar tus miedos, y fíjate si hay alguna forma de ver las cosas más positivamente. Cuando confrontas a tus miedos, muy a menudo vas a darte cuenta que el peor escenario no es tan malo como creías. De hecho, los beneficios del cambio suelen justificar el riesgo..

7. Disfrutar los buenos momentos.

Es mucho más facil tener una actitud positiva si te focalizas en los buenos momentos de tu vida en lugar de en los malos. Si bien es innevitable que tengas desafíos y problemas, tienes que recordarte que la vida consiste de altos y bajos, y que los buenos tiempos se forjan a través de los malos.

Por lo tanto, elige llenar tu mente con imágenes y pensamientos positivos. Hazlo un hábito consciente. Para empezar, si puedes estar agradecido de lo que tienes en la actualidad, tu charla interna va a comenzar a cambiar y alinearse con esa sensación de alegría. Un estado de agradecimiento ayuda muchísimo a tu mente..

Sobre el alma femenina de la naturaleza y las sensuales Cataratas Rubí

La esencia femenina de la naturaleza se manifiesta espectacularmente en las Cataratas Rubí, un espacio digno de representar a la divina Gaia.
imagen de las cataratas de rubi en
Según múltiples tradiciones ancestrales e incluso algunas teorías contemporáneas, por ejemplo ‘Gaia’ de James Lovelock, la Tierra mantiene en sus entrañas un espíritu esencialmente femenino –a partir del cual seguramente emergió hace miles de años el arquetipo de la madre.
Siendo la naturaleza el lenguaje primigenio de nuestro planeta, estamos rodeados de expresiones envueltas en sublime delicadeza que la razón (pulso masculino) jamás podrá abarcar. En cambio parece que al dialogar con ellas desde un plano intuitivo (pulso femenino) accedemos a una sintonía, una especie de extasiante trance orgánico, que podría conducirnos al centro de la sabiduría más pura, sophia –recordemos que el origen de prácticamente todo camino místico reside en la observación de la natura.   

Ya sea en la húmeda perfección que delinea los pasadizos subterráneos en las alegorías policromáticas de las flores, o en los sutiles diseños que se trazan deliciosamente sobre la arena del desierto, invariablemente encontramos este espíritu femenino que nos remite a una sensación de calidez uteril. 
Y entre los cientos de ejemplos que podríamos citar como dignos representantes del alma femenina de la naturaleza, existe un lugar en Tennessee, Estados Unidos, cuya belleza se desdobla en un sensual templo dedicado al culto de la “Diosa”: las Cataratas Rubí (Ruby Falls).
Esta caída de agua subterránea, que mide aproximadamente cincuenta metros de altura, forma una especie de bóveda “envulvada” que nos remite a esa flexible geometría que impregna el cuerpo de la mujer. Dotada de una luz tenue, casi angelical, los rayos exteriores penetran la tierra siempre mojada mientras una hebra de agua conecta el interior con el exterior (que por cierto, si seguimos la máxima premisa hermética, este binomio deriva invariablemente en la unidad).
Las Cataratas Rubí fueron descubiertas en 1928, dos años después comenzaron a ser explotadas como destino turístico por, tendencia que se ha mantenido hasta ahora –lo cual no deja de ser lamentable y a la vez le permite cumplir una función de sensibilización masiva ante la naturaleza, entre los cientos de miles de personas que han tenido la fortuna de visitar este lugar.


imagen cataratas rubi en Tennessee

Las plantas tienen memoria, se comunican y sienten, sostiene el investigador Daniel Chamovitz

El investigador Daniel Chamovitz, que lleva varias décadas investigando el desarrollo de las plantas, confirma que su inmovilidad no significa que sean insensibles, antes bien ha descubierto en ellas la capacidad de oler, memorizar y comunicarse, casi a la manera de otros organismos más complejos.
 
Las plantas, lo sabemos de sobra, están vivas, sin embargo, no es así de común que las asociemos con cualidades como el pensamiento o las sensaciones que, de acuerdo con la fisiología canónica, son capacidades exclusivas de los organismos dotados de un sistema nervioso más o menos avanzado.
Con todo, el investigador Daniel Chamovitz, director del Centro Manna para la Biociencia de las Plantas de la Universidad de Tel Aviv, sostiene que las plantas pueden sentir, ver, percibir olores y quizá también pensar y recordar.
Chamovitz, que lleva desde mediados de los 90 interesado en el desarrollo del mecanismo por medio del cual las plantas sienten la luz. Desde entonces el científico ha realizado varios descubrimientos que contribuyen a una mejor comprensión de la sensibilidad en las plantas, siendo uno de los más importantes un grupo de genes gracias a los cuales una planta distingue si se encuentra en la oscuridad o en un ambiente luminoso.
Pero todavía más sorprendente es que el ser humano y otros animales también poseen estos mismos genes que cumplen una función similar de regular la respuesta a la luz (no de la misma manera que las plantas, sino en nuestro reloj biológico y nuestros ritmos circadianos), además de estar involucrados en otros procesos como el crecimiento axonal de neuronas y el funcionamiento correcto del sistema inmune.
“Esto me llevó a darme cuenta de que la diferencia genética entre plantas y animales no era tan significativa como alguna vez había creído ingenuamente”, declaró Chamovitz en entrevista, agregando además que “solo porque veamos que las plantas no se mueven, no significa que no haya un mundo sumamente rico y dinámico en su interior”.
En cuanto a sensaciones específicas comprobadas en las plantas, Chamovitz no duda en hablar de olfato, oído e incluso comunicación. Pero el investigador nos previene contra calcar nuestra manera de percibir dichas sensaciones para la naturaleza de las plantas. Son capacidades análogas, no idénticas.
El olfato, por ejemplo, se presenta en las plantas también como una reacción a sustancias químicas disueltas en el aire, pero con efectos específicos. Chamovitz señala el caso de la maduración: cuando una fruta madura se encuentra cerca de una que aún no lo está tanto, la maduración de esta se acelera por la liberación de una hormona llamada etileno. En un sentido elemental, se trata de un proceso netamente olfativo.
Chamovitz acepta, por otro lado, que la reacción de las plantas a los sonidos todavía no ha sido confirmada del todo y en cierta forma permanece en lo anecdótico, sobre todo en lo que se refiere al supuesto efecto de la música sobre su desarrollo. Para Chamovitz la capacidad auditiva es quizá una de las menos necesarias entre las plantas: al ser organismos sésiles (enraizados, sujetos al suelo) el oído no tiene la importancia vital que sí tiene en los animales, en quienes sirve para percatarse de una posible amenaza. Con todo, el investigador no descarta que, como vibraciones, las plantas sí puedan estar al tanto de los sonidos en su entorno.
La comunicación entre las plantas también tiene sus formas particulares. Chamovitz nos habla de una situación sumamente elocuente que se da cuando un árbol de maple se ve afectado por una plaga de insectos: como respuesta, el árbol libera una feromona que recogen a su vez los árboles vecinos como si se tratara de una señala de alerta, a partir de la cual empiezan a liberar los químicos necesarios para impedir que la infección se propague. “Esto es definitivamente comunicación”, comenta Chamovitz. Y, como en el caso del ser humano, también puede decirse que entre las plantas la comunicación es un mecanismo de supervivencia.
Chamovitz, sin embargo, va más allá y considera que las plantas también tienen memoria, manifestada en diversos tipos que van de la memoria de corto plazo a la memoria inmune e incluso una memoria transgeneracional. Si la memoria se trata de codificar información, almacenar información y recuperar información, entonces las plantas recuerdan y memorizan.
En cuanto a la capacidad de pensar, el investigador es más cauteloso. En este caso sí cree que para pensar es necesario un cerebro desarrollado y consciente de sí, algo de lo cual toda planta carece y cuya falta las hace no solo incapaces de pensar, sino también de dolor subjetivo.
Se trata, en suma, de una investigación notable por su

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