jueves, 17 de mayo de 2012

ELOGIO DEL PENSAMIENTO CRÍTICO



Renán Vega Cantor Rebelión
 <www.rebelion.org>

“Quien quiera hoy día combatir la mentira y la ignorancia y escribir la verdad, tiene que vencer, por lo menos, cinco obstáculos. Deberá tener el valor de escribir la verdad, aun cuando sea reprimida por doquier; la perspicacia de reconocerla, aun cuando sea solapada por doquier; el arte de hacerla manejable como un arma; criterio para escoger a aquellos en cuyas manos se haga eficaz; astucia para propagarla entre éstos. Estos obstáculos son grandes para aquellos que escriben bajo la férula del fascismo, pero existen también para aquellos que fueron expulsados o han huido, e incluso para aquellos que escriben en los países de la libertad burguesa”.
Bertolt Brecht, “Cinco obstáculos para escribir la verdad”, en El arte y la política, Editorial Nueva Nicaragua, Managua, 1985, pp. 222-223. (Énfasis en el original).
“¿No tienes enemigos? ¿Cómo que no? ¿Es que jamás dijiste la verdad, ni jamás amaste la justicia?”.
Santiago Ramón y Cajal, citado en Eduardo Galeano, Los hijos de los días, Siglo XXI Editores, Buenos Aires, 2012, p. 386.

El término Pensamiento Crítico puede resultar siendo una abstracción y hasta tener un carácter t autológico, si no se precisa qué se entiende por tal denominación. Una abstracción que puede convertirse en un mero enunciado, que se repite sin mucho cuidado. Una tautología porque en rigor todo pensamiento que amerite tal nombre debería ser crítico con todo lo existente y consigo mismo. Pero como hoy se han entronizado en el mundo entero un conjunto de banalidades propias de un pensamiento único, un pensamiento sumiso y un pensamiento abyecto, adquiere sentido hablar de pensamiento crítico, no sólo para diferenciarse de estas formas sino para rescatar la esencia de una reflexión que no se quede en la mera contemplación, aceptación o apología de todo lo existente. En ese orden de ideas, y de manera algo esquemática, intentaremos precisar cuáles serían en nuestro sentir y entender las características del pensamiento crítico, que se encarna, por supuesto, en hombres y mujeres de carne y hueso, quienes son los pensadores y las pensadoras críticos.
1
Es un pensamiento histórico: El sistema capitalista se presenta a sí mismo como el fin de la historia, el mejor de los mundos, una realidad insustituible sin pasado ni futuro y la realización plena del presente perpetuo, que siempre gravita sobre lo mismo: sobre la producción mercantil y el consumo exacerbado. Ni antes ni después del capitalismo se concibe la existencia de otras formas de organización social, porque todo se sujeta al endemoniado ritmo de la pretendida “destrucción creadora”, que promete un reino eterno, aquí en la tierra, de opulencia y derroche. Para que todas estas falacias se impongan se hace necesario cortar los vínculos de los seres humanos con la historia, o mejor dicho, negar que nosotros somos seres históricos, que estamos anclados al mismo tiempo en el pasado, el presente y el futuro, y que en el pasado relucen los destellos de proyectos y alternativas de los vencidos que iluminan el futuro, para que el presente no aparezca como una fatalidad que tenemos que aceptar y contra la cual nada podemos hacer. Por eso, se ha impuesto la amnesia y el olvido, para que aceptemos que siempre ha existido y existirá el capitalismo, sin que podamos concebir otras formas de organización social y otras maneras de relacionarnos entre nosotros y con la naturaleza.
Para enfrentar esos prejuicios sobre la eternidad del presente capitalista, la historia debe ser un instrumento indispensable de análisis y reflexión que nos ayude a recuperar otras perspectivas, que nos recuerdan que el capitalismo es sola una relación social históricamente constituida, que no representa ni mucho menos el fin de la historia. El conocimiento histórico nos ayuda a comprender que el presente actualmente existente es el resultado de procesos complejos en donde, entre muchas alternativas, se impuso, a menudo con la violencia y la irracionalidad, solo una de ellas. En breve, el pensamiento crítico se sustenta en aquella célebre propuesta de Pierre Vilar de pensar históricamente, para ubicar, localizar, relativizar, fechar, explicar, comprender y contextualizar todos los procesos existentes, incluyendo al capitalismo.
2
Es un pensamiento radical: Para develar la injusticia y la desigualdad se hace necesario ir a la raíz misma de los fenómenos, con la finalidad de explicar sus causas fundamentales. Esto es lo que quiere decir el término radical, hurgar en el transfondo de los procesos, y no quedarse prisionero en el mundo de las apariencias. Un pensamiento radical supone escudriñar sin concesiones en los mecanismos que mantienen la dominación, la explotación y la opresión, llamando a las cosas por su nombre, y desmontando las falacias ideológicas que se emplean para encubrir con eufemismos la dura realidad. Por supuesto, la radicalidad del pensamiento no es una cuestión puramente lingüística o retórica, puesto que la misma utilización de ciertos conceptos (como capitalismo, imperialismo, clases sociales, desigualdad) implica la adopción de un punto de vista, que tiene consecuencias prácticas, en la vida de las personas que asumimos ese tipo de crítica radical.
3
Es un pensamiento anticapitalista: En sentido estricto, en la actualidad un pensamiento radical tiene que ser anticapitalista, porque durante dos décadas se nos anunció que el mercado perfecto se había hecho realidad tras la desaparición de la Unión Soviética y su imposición garantizaba el crecimiento ilimitado y la satisfacción, vía consumo, de las necesidades de todos los habitantes del planeta. Estas mentiras han quedado hechas añicos por la crisis capitalista que se ha extendido por el mundo desde el 2008, en la que se ha evidenciado que el costo de la crisis la pagan los trabajadores, y los pobres, como lo estamos viendo en la Unión Europea, modelo por excelencia del triunfalismo capitalista, pero que hoy hace agua por todos los costados y que sitúa al mundo en la peligrosa disyuntiva fascista de la década de 1930. Si las cosas son así y se ha hecho palpable que el capitalismo en lugar de contribuir a solucionar los problemas de la humanidad los tiende a agravar con su lógica mercantil, basada en el lucro y el crecimiento ilimitado, es necesario volverse a plantear una propuesta que vaya más allá del capital.
4
Es un pensamiento abierto: Para ser radicalmente anticapitalista es indispensable apoyarse tanto en las más diversas tradiciones revolucionarias como en el conjunto de las ciencias y las artes. El pensamiento crítico precisa del dialogo permanente con diversos legados emancipatorios que se han ido construyendo durante varios siglos en distintos lugares del planeta, entre los que sobresale el pensamiento de Marx y sus seguidores más lúcidos, el anarquismo, el ecologismo, el feminismo, el indigenismo y todo lo que ayude en el propósito de reconstruir una agenda de lucha contra el capitalismo y el imperialismo. Así mismo, como nos lo han enseñado los grandes pensadores de nuestra América y de otros continentes (como José Carlos Mariategui, Antonio Gramsci, George Lukacs), la reflexión crítica se enriquece en un dialogo fecundo con las ciencias y la técnica, un intercambio necesario para afrontar la crisis civilizatoria a la que nos ha conducido el capitalismo y en la cual todos estamos inmersos. Porque esa crisis no se comprende al margen de los impactos nefastos y contradictorios de las tecnociencias, lo que obliga a tener unos mínimos rudimentos sobre las mismas, que permitan esbozar una distancia crítica y mucha mesura y circunspección.
5
Es un pensamiento que cuestiona la idea optimista de progreso: Tras constatar los costos contradictorios de la filosofía de progreso, con todo su cortejo de muerte y destrucción, es pertinente cuestionar al progresismo, en todas sus variantes, y en especial el culto a la tecnociencia, por todas las implicaciones prácticas que tiene. Hoy, cuando se ha impuesto la razón instrumental y se ha generalizado el fetichismo de la mercancía que alienta la lógica irracional de producir para consumir en un círculo vicioso cada vez más destructivo, se torna urgente problematizar los proyectos progresistas que se sustentan en el tener sobre el ser, en la cuantificación abstracta propia de la mercancía despreciando el valor de uso, en la idea de consumir hasta el hartazgo como sustituto del buen vivir en condiciones dignas. La crítica a la filosofía del progreso es indispensable para abandonar las ilusiones sobre las soluciones técnicas como forma de resolver los problemas que ha generado el capitalismo (como los trastornos climáticos o la destrucción de los ecosistemas), y volver a priorizar las soluciones sociales y políticas. Por todos los avatares de los fallidos proyectos anticapitalistas del siglo XX y de la tragedia ambiental y humana que se vive en China, ya no es posible seguir rindiendo culto al Progreso. Esto, desde luego, resulta una idea poco popular por la imposición generalizada del consumo de artefactos tecnológicos en la vida cotidiana, pero que necesita plantearse para estudiar a fondo las consecuencias nefastas de la ampliación a algunos reducidos sectores de la población del modo estadounidense de producción y de consumo, frecuentemente aplaudida como la máxima expresión de progreso, y que destruye a la naturaleza y a los pobres.
Hay que decirlo, esto no supone el abandono ni de la ciencia ni de la técnica, como frecuentemente lo sostienen quienes creen que criticar al progreso es rechazar por completo la modernidad y retroceder a la época de las cavernas. Más bien de lo que se trata es de rescatar lo mejor de la modernidad para pensar en construir otro tipo de civilización ecosocialista.
6
Es un pensamiento ecologista y antipatriarcal: La destrucción ambiental se ha generalizado en el planeta, y Colombia no es la excepción, y más ahora con las locomotoras de la minería y el libre comercio. El ecocidio avanza de manera incontenible al ritmo de la expansión capitalista por los cinco continentes, como lo demuestran las cada vez más frecuentes catástrofes sociales, que resultan de la destrucción de la naturaleza y de la mercantilización de los bienes comunes. Esto obliga a atender, mediante la reflexión analítica, el estudio de los límites ambientales del capitalismo y los peligros que eso entraña para grandes porciones de la población, en primer lugar los más pobres. Se necesita de una nueva sensibilidad que incorpore a la crítica anticapitalista, que ha estudiado a fondo la contradicción capital-trabajo, una crítica de similar importancia que dilucide la contradicción capital-naturaleza, y que involucre a todos los sujetos sociales afectados por esta segunda contradicción. En consecuencia, el pensamiento crítico requiere ser profundamente ecologista, en una perspectiva que sea un complemento indispensable del anticapitalismo.
Al mismo tiempo, dados las notables contribuciones teóricas de diversas corrientes del feminismo, en consonancia con el sometimiento de la mayor parte de las mujeres, es prioritario que el pensamiento crítico asuma el cuestionamiento del patriarcado y de todos sus componentes de opresión y de marginación de la mitad del género humano.
7
Es un pensamiento nacionalista e internacionalista a la vez: El capitalismo realimente existente y sus ideólogos, entre los que sobresalen los neoliberales, se han encargado de construir un falso dilema: ellos presentándose como los globalizadores por excelencia, abjuran de todo lo relacionado con lo nacional, como propio del atraso y de la barbarie. Esto lo han hecho con la finalidad de justificar la entrega de la soberanía de los países y el regalo de los bienes comunes que se encuentran en sus territorios, todo a nombre de una pretendida modernización global. Al mismo tiempo, como respuesta a ese universalismo abstracto, otros portavoces del capitalismo han suscitado feroces guerras xenófobas en varios continentes, que han suscitado la xenofobia y la limpieza étnica.
Contra ese falso dilema –entre el universalismo abstracto y el chovinismo nacionalista-, el pensamiento crítico debe y tiene que reivindicar otro tipo de nacionalismo, junto con el internacionalismo. No se puede abjurar de lo mejor de la configuración nacional en nuestra América, máxime en estos tiempos de la vergonzosa desnacionalización que han impulsado las clases dominantes en estos países, como se patentiza en Colombia. Esto no supone reivindicar ni mucho menos un trasnochado patriotismo barato, propio de la mentalidad retrograda de los terratenientes y ganaderos de Antioquia y otras regiones de este país. Quiere decir, por el contrario, postular un nacionalismo cosmopolita, basado en la máxima de José Martí: “Patria es humanidad”. Como quien dice, que estemos asentados en nuestro territorio, pero para comprender mejor el mundo relacionarnos en forma más adecuada con los otros países, y no creernos ni mejores ni peores que los demás. Ese internacionalismo, además, es urgente tanto para recuperar las mejores tradiciones de lucha de los dos últimos siglos en nuestra América, como para solidarizarnos y compartir las utopías de los oprimidos del mundo entero.
8
Es un pensamiento anticolonialista y antiimperialista: Por reivindicar lo mejor de lo nacional y lo mejor del mundo, el pensamiento crítico es, tiene que serlo, anticolonialista y antiimperialista, porque hoy se ha reforzado el colonialismo, que había sido seriamente debilitado en la década de 1960 con la extraordinaria lucha de liberación nacional que adelantaron los pueblos africanos y asiáticos, cuya gesta hizo gravitar la historia universal entrono a lo que por entonces se llamaba el Tercer Mundo. Esta epopeya anticolonialista generó imperecederos aportes intelectuales al pensamiento universal, representados en la obra de Franz Fanón, Walter Rodney, Amílcar Cabral o Aimé Césaire. Como ha quedado en evidencia hoy, el colonialismo en realidad nunca desapareció, sino que más bien se encubrió bajo otros mantos y emergió con toda su fuerza en las últimas décadas, asumiendo el viejo discurso eurocéntrico con la retórica de la globalización. Esta nueva conquista, la colonización externa, en el caso de nuestra América, viene acompañada de ese otro fenómeno que existe en este continente desde hace cinco siglos, pero del que poco se habla, del colonialismo interno, agenciado por las clases dominantes para mantener sus privilegios a costa de la exclusión, discriminación y explotación de indígenas, afrodescendientes y mestizos pobres.
La nueva colonización es también, como siempre lo fue, cultural, y ahora académica, porque de los centros hegemónicos de la cultura universitaria se imponen nuevas modas intelectuales, que desdicen y niegan de lo propio de la realidad de nuestro continente, de sus procesos de lucha y de sus propios proyectos culturales, para implantar un lenguaje artificial e impostado, elaborado para congraciarse con los nuevos imperialistas y sus mandarines intelectuales. En consecuencia, el pensamiento crítico debe estar atento a beber de lo más diversas fuentes, pero sin caer en las tentaciones de la novedad y de las modas efímeras, impuestas desde Nueva York o desde Paris.
9
Es un pensamiento que reivindica a los oprimidos de todos los tiempos y a sus luchas: El pensamiento crítico pretende develar los mecanismos de explotación y opresión en el presente, apoyándose en una visión histórica en la que emergen los sujetos que se han rebelado contra las diversas formas de dominación en diversas épocas. El conocimiento de los procesos históricos señala que incluso en las peores condiciones, como en la época de la esclavitud moderna, que perduró cuatro siglos (entre 1500 y 1890), hubo protestas, sublevaciones y rebeliones, propias de lo que puede llamarse la hidra de la inconformidad de los plebeyos. Cual hidra mitológica que renace aunque se le destruya la cabeza, lo mismo ha sucedido en diversos momentos de la historia del capitalismo, cuando a pesar de la tortura, persecución y asesinato de líderes y dirigentes populares, la protesta de los subalternos reaparece una y otra vez. Estudiando las luchas de los vencidos, se alimenta el fuego de la inconformidad en el presente, porque aquéllos nos acompañan desde la posteridad, con la memoria de sus acciones, de acuerdo al postulado de Walter Benjamin de no pedir “a quienes vendrán después de nosotros la gratitud por nuestras victorias sino la rememoración de nuestras derrotas. Ese es el consuelo: el único que se da a quienes no tienen esperanza de recibirlo” 1. En resumen, el síndrome de Espartaco basado en el lema “Me rebelo, luego existo”, debería sintetizar la rememoración de los que han luchado en todos los tiempos, un componente indispensable del pensamiento crítico.
10
Es un pensamiento comprometido y no meramente contemplativo: Los enormes problemas que afronta el mundo actual, agravados todavía más en nuestro continente por la dependencia y servilismo de las clases dominantes, requieren tanto de una reflexión seria y rigurosa, como del involucramiento de esa reflexión con los problemas de la gente común y corriente. En pocas palabras, se trata de que el pensamiento se encarne en sujetos concretos para devenir en praxis transformadora, a la luz de los problemas específicos que afronta la mayor parte de la población. No estamos hablando de una instrumentalización artificial de las ideas, que abjure de la importancia de la reflexión y que desprecie el trabajo intelectual, sino de la necesidad de vincular, de alguna manera, esas reflexiones con los problemas reales de la gente. Me gusta reivindicar nuestra actividad como propia de los trabajadores del pensamiento, como lo hacia Julio Antonio Mella cuando decía: “Intelectual es el trabajador del pensamiento. ¡El trabajador!, o sea, el único hombre que a juicio de Rodó merece la vida, es aquel que empuña la pluma para combatir la iniquidades, como los otros empuñan el arado para fecundizar la tierra, o la espada para libertar a los pueblos” 2. Si situamos la elaboración de pensamiento crítico como un trabajo, y no como una refinada actividad especulativa al margen del mundo real, tendremos más oportunidad de vincularnos con el resto de trabajadores, incluyendo a los que con sus manos laboran la tierra o fabrican las cosas. Así podríamos declarar, a nuestra actividad como una artesanía del pensamiento, una artesanía que genera productos intelectuales que, directa o indirectamente, deben tener alguna utilidad para la gente.
Por otra parte, el pensamiento crítico no abjura de sus compromisos y por eso sabe que es perseguido y reprimido, porque pretende encarnar otro proyecto de mundo y de sociedad, que resulta insoportable para los detentadores del poder y la dominación en nuestro tiempo, donde quiera que se encuentren. El pensamiento crítico hace suya la consigna del filósofo de Tréveris, su undécima tesis: “Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo, de lo que se trata es de transformarlo”.
En ese mismo sentido, el pensamiento crítico además de estar comprometido con los pobres y desvalidos, es un pensamiento alternativo, porque con ellos busca elaborar propuestas anticapitalistas, planteando que otro mundo es posible y necesario, si no queremos que el capitalismo sea el fin de la historia en el sentido literal de la palabra, si dejamos que nos destruya a todos y a nuestro planeta.
11
Es un pensamiento universitario y extrauniversitario al mismo tiempo: La universidad pública ha sido una conquista de las sociedades latinoamericanas, conquista lograda con mucho esfuerzo y con el sacrificio de estudiantes y de profesores. Durante mucho tiempo se ha buscado que esta universidad fuera un espacio democrático y popular, lo que efectivamente se logró en algunos países de la región, México es el principal ejemplo. En los demás, a pesar de los obstáculos, la universidad pública ha sido durante algún tiempo el faro intelectual que alumbraba con ideas y proyectos transformadores, que incidieron fuera de los campus universitarios. Ahora estamos asistiendo a la transformación de la Universidad Pública en un mercado educativo que vende servicios y quiere convertir a profesores y estudiantes en oferentes y clientes de combos mcdonalizados. Para hacer realidad ese propósito es indispensable erradicar de los campus a todos aquellos que cuestionen, critiquen y duden, ya que la universidad de la ignorancia requiere profesores, estudiantes y funcionarios obedientes y sumisos. En concordancia, la consigna de los mercaderes de la educación es erradicar el pensamiento crítico del mundo universitario, so pretexto de que no es ni útil ni rentable. Esa es la situación que hoy afrontamos de manera directa todos los que hemos hecho de la universidad pública nuestro proyecto de vida. Es necesario, entonces, defender ese territorio democrático de los embates del capital nacional y extranjero, para preservar la libre exposición y discusión de ideas, proyectos y propuestas para construir naciones y sociedades justas e igualitarias.
Puesto que el mundo universitario solamente representa a un ámbito reducido de la población y grandes problemas de la sociedad son asumidos por organizaciones populares, que construyen sus propios instrumentos analíticos, es necesario que el pensamiento critico se relacione con esos proyectos y esas luchas, para que aprenda de ellas y se nutra de esas experiencias, a las que luego podrá realimentar en forma dialógica. Es decir, el pensamiento crítico también se construye fuera de los espacios universitarios, en la calle, en la plaza pública.
12
Es un pensamiento digno: Para terminar, deben mencionarse las implicaciones éticas del pensamiento crítico, lo cual está relacionado con los intereses que representa, con las fuerzas sociales de las que aprende, se nutre y a la vez alimenta, y a los valores que defiende. Al respecto, la dignidad es una de sus características distintivas. Por dignidad entendemos muchas cosas, entrelazadas y complementarias: la independencia de criterio; la libertad de critica; la insubordinación; la defensa de los desvalidos; el valorar a las cosas por lo que son y no por su precio monetario; asumir los costos y las consecuencias de lo que se dice sin hacer concesiones ni traficar con los principios morales; no arrodillarse ni subordinarse a los amos y poderosos, a cambio de retribuciones, o reconocimientos formales, que buscan la claudicación; y, mantenerse al lado de los oprimidos sin importar que eso implique la marginación y la criminalización. El pensamiento digno no se vende por unas cuantas migajas, no se desmorona ante las lisonjas y halagos interesados de los mercachifles del saber y de la investigación, no se subordina a los dictados de la figuración mediática propia de la sociedad del espectáculo, no escribe ni diserta sobre aquello que proporcione dinero y fama, no negocia con el saber como si fuera una mercancía, no se cotiza en la bolsa de valores del arribismo intelectual. Quienes cultivan el pensamiento crítico caminan con rectitud con la frente bien en alto, por un sentido acendrado de dignidad, y no como le sucede a los portavoces de la mentalidad sumisa, por desgracia la vasta mayoría que, como lo afirma el dramaturgo italiano Darío Fo, “andan erguidos porque la mierda les llega hasta el cuello”.
Notas:
1 . Citado en Michael Lowy, Walter Benjamin, aviso de incendio. Una lectura de las tesis “sobre el concepto de historia”, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2005, pp. 135.
2 . Julio Antonio Mella, “Intelectuales y tartufos”, en Escritos revolucionarios, Siglo XXI Editores, México, 1978, p. 44.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=149334

Ansel Adams Original Photographs-BIOGRAPHY

ANSEL ADAMS

Ansel Adams, Photographer

By William Turnage
This biography has been published by Oxford University Press for its American National Biography and is reprinted courtesy OUP and the author.
Adams, Ansel (Feb. 20 1902 — Apr. 22, 1984), photographer and environmentalist, was born in San Francisco, California, the son of Charles Hitchcock Adams, a businessman, and Olive Bray. The grandson of a wealthy timber baron, Adams grew up in a house set amid the sand dunes of the Golden Gate. When Adams was only four, an aftershock of the great earthquake and fire of 1906 threw him to the ground and badly broke his nose, distinctly marking him for life. A year later the family fortune collapsed in the financial panic of 1907, and Adams’s father spent the rest of his life doggedly but fruitlessly attempting to recoup.
An only child, Adams was born when his mother was nearly forty. His relatively elderly parents, affluent family history, and the live-in presence of his mother’s maiden sister and aged father all combined to create an environment that was decidedly Victorian and both socially and emotionally conservative. Adams’s mother spent much of her time brooding and fretting over her husband’s inability to restore the Adams fortune, leaving an ambivalent imprint on her son. Charles Adams, on the other hand, deeply and patiently influenced, encouraged, and supported his son.
Natural shyness and a certain intensity of genius, coupled with the dramatically “earthquaked” nose, caused Adams to have problems fitting in at school. In later life he noted that he might have been diagnosed as hyperactive. There is also the distinct possibility that he may have suffered from dyslexia. He was not successful in the various schools to which his parents sent him; consequently, his father and aunt tutored him at home. Ultimately, he managed to earn what he termed a “legitimizing diploma” from the Mrs. Kate M. Wilkins Private School — perhaps equivalent to having completed the eighth grade.
The most important result of Adams’s somewhat solitary and unmistakably different childhood was the joy that he found in nature, as evidenced by his taking long walks in the still-wild reaches of the Golden Gate. Nearly every day found him hiking the dunes or meandering along Lobos Creek, down to Baker Beach, or out to the very edge of the American continent.
When Adams was twelve he taught himself to play the piano and read music. Soon he was taking lessons, and the ardent pursuit of music became his substitute for formal schooling. For the next dozen years the piano was Adams’s primary occupation and, by 1920, his intended profession. Although he ultimately gave up music for photography, the piano brought substance, discipline, and structure to his frustrating and erratic youth. Moreover, the careful training and exacting craft required of a musician profoundly informed his visual artistry, as well as his influential writings and teachings on photography.
If Adams’s love of nature was nurtured in the Golden Gate, his life was, in his words, “colored and modulated by the great earth gesture” of the Yosemite Sierra (Adams, Yosemite and the Sierra Nevada, p. xiv). He spent substantial time there every year from 1916 until his death. From his first visit, Adams was transfixed and transformed. He began using the Kodak No. 1 Box Brownie his parents had given him. He hiked, climbed, and explored, gaining self-esteem and self-confidence. In 1919 he joined the Sierra Club and spent the first of four summers in Yosemite Valley, as “keeper” of the club’s LeConte Memorial Lodge. He became friends with many of the club’s leaders, who were founders of America’s nascent conservation movement. He met his wife, Virginia Best, in Yosemite; they were married in 1928. The couple had two children.
The Sierra Club was vital to Adams’s early success as a photographer. His first published photographs and writings appeared in the club’s 1922 Bulletin, and he had his first one man exhibition in 1928 at the club’s San Francisco headquarters. Each summer the club conducted a month-long High Trip, usually in the Sierra Nevada, which attracted up to two hundred members. The participants hiked each day to a new and beautiful campsite accompanied by a large contingent of pack mules, packers, cooks, and the like. As photographer of these outings, in the late 1920s, Adams began to realize that he could earn enough to survive — indeed, that he was far more likely to prosper as a photographer than as a concert pianist. By 1934 Adams had been elected to the club’s board of directors and was well established as both the artist of the Sierra Nevada and the defender of Yosemite.
Nineteen twenty seven was the pivotal year of Adams’s life. He made his first fully visualized photograph, Monolith, the Face of Half Dome, and took his first High Trip. More important, he came under the influence of Albert M. Bender, a San Francisco insurance magnate and patron of arts and artists. Literally the day after they met, Bender set in motion the preparation and publication of Adams’ first portfolio, Parmelian Prints of the High Sierras [sic]. Bender’s friendship, encouragement, and tactful financial support changed Adams’s life dramatically. His creative energies and abilities as a photographer blossomed, and he began to have the confidence and wherewithal to pursue his dreams. Indeed, Bender’s benign patronage triggered the transformation of a journeyman concert pianist into the artist whose photographs, as critic Abigail Foerstner wrote in the Chicago Tribune (Dec. 3, 1992), “did for the national parks something comparable to what Homer’s epics did for Odysseus.”
Although Adams’s transition from musician to photographer did not happen at once, his passion shifted rapidly after Bender came into his life, and the projects and possibilities multiplied. In addition to spending summers photographing in the Sierra Nevada, Adams made several lengthy trips to the Southwest to work with Mary Austin, grande dame of the western literati. Their magnificent limited edition book, Taos Pueblo, was published in 1930. In the same year Adams met photographer Paul Strand, whose images had a powerful impact on Adams and helped to move him away from the “pictorial” style he had favored in the 1920s. Adams began to pursue “straight photography,” in which the clarity of the lens was emphasized, and the final print gave no appearance of being manipulated in the camera or the darkroom. Adams was soon to become straight photography’s mast articulate and insistent champion. [Ed. Note: Manipulated in this instance meaning altering the clarity or content of the photographed subject matter. Techniques such as "burning" and "dodging", as well as the Zone System, a scientific system developed by Adams, is used specifically to "manipulate" the tonality and give the artist the ability to create as opposed to record.]
In 1927 Adams met photographer Edward Weston. They became increasingly important to each other as friends and colleagues. The renowned Group f/64, founded in 1932, coalesced around the recognized greatness of Weston and the dynamic energy of Adams. Although loosely organized and relatively short-lived, Group f/64 brought the new West Coast vision of straight photography to national attention and influence. San Francisco’s DeYoung Museum promptly gave f/64 an exhibition and, in that same year, gave Adams his first one-man museum show.
Adams’s star rose rapidly in the early 1930s, propelled in part by his ability and in part by his effusive energy and activity. He made his first visit to New York in 1933, on a pilgrimage to meet photographer Alfred Stieglitz, the artist whose work and philosophy Adams most admired and whose life of commitment to the medium he consciously emulated. Their relationship was intense and their correspondence frequent, rich, and insightful. Although profoundly a man of the West, Adams spent a considerable amount of time in New York during the 1930s and 1940s, and the Stieglitz circle played a vital role in his artistic life. In 1933 the Delphic Gallery gave Adams his first New York show. His first series of technical articles was published in Camera Craft in 1934, and his first widely distributed book, Making a Photograph, appeared in 1935. Most important, in 1936 Stieglitz gave Adams a one-man show at An American Place.
Recognition, however, did not alleviate Adams’s financial pressures. In a letter dated 6 August 1935 he wrote Weston, “I have been busy, but broke. Can’t seem to climb over the financial fence.” Adams was compelled to spend much of his time as a commercial photographer. Clients ran the gamut, including the Yosemite concessionaire, the National Park Service, Kodak, Zeiss, IBM, AT&T, a small women’s college, a dried fruit company, and Life, Fortune, and Arizona Highways magazines — in short, everything from portraits to catalogues to Coloramas. On 2 July 1938 he wrote to friend David McAlpin, “I have to do something in the relatively near future to regain the right track in photography. I am literally swamped with “commercial” work — necessary for practical reasons, but very restraining to my creative work.” Although Adams became an unusually skilled commercial photographer, the work was intermittent, and he constantly worried about paying the next month’s bills. His financial situation remained precarious and a source of considerable stress until late in life.
Adams’s technical mastery was the stuff of legend. More than any creative photographer, before or since, he reveled in the theory and practice of the medium. Weston and Strand frequently consulted him for technical advice. He served as principal photographic consultant to Polaroid and Hasselblad and, informally, to many other photographic concerns. Adams developed the famous and highly complex “zone system” of controlling and relating exposure and development, enabling photographers to creatively visualize an image and produce a photograph that matched and expressed that visualization. He produced ten volumes of technical manuals on photography, which are the most influential books ever written on the subject.
Adams’s energy and capacity for work were simply colossal. He often labored for eighteen or more hours per day, for days and weeks on end. There were no vacations, no holidays, no Sundays in Ansel Adams’s life. Frequently, after and intense period of work, he would return to San Francisco or Yosemite, promptly contract the “flu,” and spend several days in bed. His hyper-kinetic existence was also fueled by alcohol, for which he had a particular fondness, and a constant whirl of social activity, friends, and colleagues. As Beaumont Newhall writes in his FOCUS: Memoirs of a Life in Photography (1993), “Ansel was a great party man and loved to entertain. He had a very dominating personality, and would always be the center of attention” (p. 235).
Adams described himself as a photographer — lecturer — writer. It would perhaps be more accurate to say that he was simply — indeed, compulsively — a communicator. He endlessly traveled the country in pursuit of both the natural beauty he revered and photographed and the audiences he required. Adams felt an intense commitment to promoting photography as a fine art and played a key role in the establishment of the first museum department of photography, at the Museum of Modern Art in New York. The work at the museum fostered the closest relationships of Adams’s life, with Beaumont and Nancy Newhall, a historian and museum administrator and a writer-designer, respectively. Their partnership was arguably the most potent collaboration in twentieth-century photography. In the 1950s and 1960s Nancy Newhall and Adams created a number of books and exhibitions of historic significance, particularly the Sierra Club’s This is the American Earth (1960), which, with Rachel Carson’s classic Silent Spring, played a seminal role in launching the first broad-based citizen environmental movement.
Adams was an unremitting activist for the cause of wilderness and the environment. Over the years he attended innumerable meetings and wrote thousands of letters in support of his conservation philosophy to newspaper editors, Sierra Club and Wilderness Society colleagues, government bureaucrats, and politicians. However, his great influence came from his photography. His images became the symbols, the veritable icons, of wild America. When people thought about the national parks of the Sierra Club or nature of the environment itself, the often envisioned them in terms of an Ansel Adams photograph. His black-and-white images were not “realistic” documents of nature. Instead, they sought an intensification and purification of the psychological experience of natural beauty. He created a sense of the sublime magnificence of nature that infused the viewer with the emotional equivalent of wilderness, often more powerful than the actual thing.
For Adams, the environmental issues of particular importance were Yosemite National Park, the national park system, and above all, the preservation of wilderness. He focused on what he termed the spiritual-emotional aspects of parks and wilderness and relentlessly resisted the Park Service’s “resortism,” which had led to the over development of the national parks and their domination by private concessionaires. But the range of issues in which Adams involved himself was encyclopedic. He fought for new parks and wilderness areas, for the Wilderness Act, for wild Alaska and his beloved Big Sur coast of central California, for the mighty redwoods, for endangered sea lions and sea otters, and for clean air and water. An advocate of balanced, restrained use of resources, Adams also fought relentlessly against overbuilt highways, billboards, and all manner of environmental mendacity and shortsightedness. Yet he invariably treated his opponents with respect and courtesy.
Though wilderness and the environment were his grand passions, photography was his calling, his metier, his raison d’etre. Adams never made a creative photograph specifically for environmental purposes. On 12 April 1977 he wrote to his publisher, Tim Hill, “I know I shall be castigated by a large group of people today, but I was trained to assume that art related to the elusive quality of beauty and that the purpose of art was concerned with the elevation of the spirit (horrible Victorian notion!!)” Adams was often criticized for failing to include humans or evidence of “humanity” in his landscape photographs. The great French photographer Henri Cartier-Bresson made the well-known comment that “the world is falling to pieces and all Adams and Weston photograph is rocks and trees” (quoted by Adams, Oral History, Univ. of Calif., Berkeley, p. 498). Reviewers frequently characterize Adams as a photographer of an idealized wilderness that no longer exists. On the contrary, the places that Adams photographed are, with few exceptions, precisely those wilderness and park areas that have been preserved for all time. There is a vast amount of true and truly protected wilderness in America, much of it saved because of the efforts of Adams and his colleagues.
Seen in a more traditional art history context, Adams was the last and defining figure in the romantic tradition of nineteenth-century American landscape painting and photography. Adams always claimed he was not “influenced,” but, consciously or unconsciously, he was firmly in the tradition of Thomas Cole, Frederic Church, Albert Bierstadt, Carlton Watkins, and Eadweard Muybridge. And he was the direct philosophical heir of the American Transcendentalists Ralph Waldo Emerson, Henry David Thoreau, and John Muir. He grew up in a time and place where his zeitgeist was formed by the presidency of Theodore Roosevelt and “muscular” Americanism, by the pervading sense of manifest destiny, and the notion that European civilization was being reinvented — much for the better — in the new nation and, particularly, in the new West. Adams died in Monterey, California.
As John Swarkowski states in the introduction to Adams’s Classic Images (1985), “The love that Americans poured out for the work and person of Ansel Adams during his old age, and that they have continued to express with undiminished enthusiasm since his death, is an extraordinary phenomenon, perhaps even unparalleled in our country’s response to a visual artist” (p. 5). Why should this be so? What generated this remarkable response? Adams’s subject matter, the magnificent natural beauty of the West, was absolutely, unmistakably American, and his chosen instrument, the camera, was a quintessential artifact of the twentieth-century culture. He was blessed with an unusually generous, charismatic personality, and his great faith in people and human nature was amply rewarded. Adams channeled his energies in ways that served his fellow citizens, personified in his lifelong effort to preserve the American wilderness. Above all, Adams’s philosophy and optimism struck a chord in the national phsyche. More than any other influential American of his epoch, Adams believed in both the possibility and the probability of humankind living in harmony and balance with its environment. It is difficult to imagine Ansel Adams occurring in a European country or culture and equally difficult to conjure an artist more completely American, either in art of personality.
Adams’s vast archive of papers, memorabilia, correspondence, negatives, and many “fine” photographic prints, as well as numerous “work” or proof prints, are in the John P. Schaefer Center for Creative Photography at the University of Arizona, Tucson. A portion of his papers relating to the Sierra Club are in the Bancroft Library at the University of California, Berkeley. Adams’s Ansel Adams: An Autobiography (1985) was unfinished at the time of his death and was subsequently completed by Mary Street Alinder, his editor. An Autobiography offers a somewhat rose-colored and selective view of Adams’s life. A selection of correspondence, Letters and Images (1988), contains a small but interesting fraction of the estimated 100,000 letters and cards that Adams wrote during his lifetime. He wrote and contributed photographs to hundreds of articles and reviews from 1922 until 1984. He published eight portfolios of original photographic prints (1927, 1948, 1950, 1960, 1963, 1970, 1974, 1976). Nearly four dozen books bear Adams’s name as author and/or artist. Those not mentioned in this article include Sierra Nevada: The John Muir Trail (1938); Michael and Anne in Yosemite Valley (1941); Born Free and Equal (1944); Illustrated Guide to Yosemite Valley (1946); Camera and Lens (1948); The Negative (1948); Yosemite and the High Sierra (1948); The Print (1950); My Camera in Yosemite Valley (1950); My Camera in the National Parks (1950); The Land of Little Rain (1950, new ed. with Adams’s photographs); Natural Light Photography (1952); Death Valley (1954); Mission San Xavier del Bac (1954); The Pageant of History in Northern California (1954); Artificial Light Photography (1956); The Islands of Hawaii (1958); Yosemite Valley (1959); Death Valley and the Creek Called Furnace (1962); These We Inherit: The Parklands of America (1962); Polaroid Land Photography Manual (1963); An Introduction to Hawaii (1964); Fiat Lux: The University of California (1967); The Tetons and the Yellowstone (1970); Ansel Adams (1972); Singular Images (1974); Ansel Adams: Images 1923-1974 (1974); Photographs of the Southwest (1976); The Portfolios of Ansel Adams (1977); Polaroid Land Photography (1978); Yosemite and the Range of Light (1979); a new technical series, including The Camera (1980), The Negative (1981), and The Print (1983); Examples: The Making of 40 Photographs (1983); and, posthumously, Andrea G. Stillman, ed., The American Wilderness (1990); Stillman and William A. Turnage, eds. Our National Parks (1992); Harry Callahan, ed., Ansel Adams in Color (1993); and Stillman, ed., Ansel Adams: Yosemite and the High Sierra (1994). More than a decade after his death, there was still no biography covering his entire life. Nancy Newhall, Ansel Adams: The Eloquent Light (1963), is a relatively short and adoring biography of Adams’s first thirty-six years, written with zest and insight, as well as Adams’s full collaboration.
— William A. Turnage

Ansel Adams Original Photographs

1701211102

Ansel Adams Original Photographs

Signed gelatin silver photographs handmade by Ansel Adams. Prices range from approximately $5,000 to over $50,000. With most averaging from $8,000 – $20,000. Includes Certificate of Authenticity. We have many more original photographs in inventory than what is displayed on this web site. If you are looking for a specific image please give us a call at 888-238-9244 or email fineprints@anseladams.com
We Buy and Sell Ansel Adams Original Photographs For more information please call 888-238-9244 or Email fineprints@anseladams.com

  • 1701186102-1

    Tetons and the Snake River

    SOLD This original Ansel Adams gelatin silver photograph image was made in 1942 and was printed in 1970. It is in Excellent Condition and the print image size is approximately 16″x20″ and signed “Ansel Adams.” It comes with a Certificate of Authenticity.
  • 1701189101

    The California Street Firehouse

    This original Ansel Adams Gelatin Silver photograph image was made in 1930 and was printed in 1970. It is in Pristine Condition and the print image size is approximately 11″x14″ and signed “Ansel Adams.” It comes with a Certificate of Authenticity.

  • 1701128101

    Mountain Pine, Mono Creek

    This original Ansel Adams Dassonville Charcoal Black photograph image was made in 1930 and was printed in 1930. It is in Pristine Condition and the print image size is approximately 8″x6″ and signed “Ansel E. Adams.” It comes with a Certificate of Authenticity.

  • 1701137102

    Northern California Coast Redwoods

    This original Ansel Adams gelatin silver photograph image was made in 1960 and was printed in 1963. It is in Pristine Condition and the print image size is approximately 8″x10″ and signed “Ansel Adams.” It comes with a Certificate of Authenticity.

Sobre el Símbolo del Caduceo





El símbolo del Caduceo originalmente se creó por sabios de la antigüedad, no sólo para representar 'salud corporal', sino para simbolizar la actividad energética vital, libre, potente y armónica en nuestra anatomía sutil. Es esta actividad óptima de nuestra propia vitalidad la que nos permite experimentar un estado de consciencia despierto, y sentirnos integrados a nuestra propia esencia y a la unidad de la vida. Al sentimos de esta forma en donde nuestra energía fluye libre y armónicamente dentro de nosotros, es cuando nos experimentamos funcionales, sanos y potentes mental, emocional y físicamente.

.·.

En occidente, al Caduceo se le conoce y usa como el símbolo de la medicina desde la Grecia antigua.. Y si, el Caduceo ha sido símbolo de salud y funcionamiento armónico del cuerpo en nuestra cultura desde entonces, sin embargo, el origen de este símbolo se remonta mucho más atrás de la antigua Grecia. Este surge por primera vez en la India de 5.000 años atrás, y el significado que tenía este símbolo para los antiguos sabios hindúes es de una dimensión mucho mayor y mas profunda que sólo salud corporal.

Brevemente explicado, el eje o columna central del Caduceo es lo que los sabios hindúes llamaban el 'Susuma', que representa lo que podríamos llamar el núcleo o tronco de nuestro cuerpo energético o de nuestra anatomía sutil, que parte de la zona del periné, en la base de la columna vertebral, y llega hasta el entrecejo en la frente.

Las dos serpientes que se entrecruzan alrededor del Susuma las llamaron 'Ida' y 'Pingala', y son los ductos por donde la energía vital -el Prana, tal como la llamaban entonces- asciende y desciende al ritmo de la inspiración y espiración de nuestra respiración, por este eje desde el periné hasta la frente en la cabeza. Las alas al tope de la imagen simbolizan la natural expansión de energía que ocurre a nivel del entrecejo cuando este movimiento ascendente culmina en el entrecejo, energetizando y activando con ello la glándula pineal, el centro del 'Ojo Supraconsciente', que es el punto de enlace con la Luz Divina interna en nosotros.

Cuando este movimiento del prana que asciende y desciende al ritmo de la inspiración y espiración de nuestra respiración, ocurre libre, consciente y armónicamente a todo lo largo de este eje interno sutil nuestro, experimentamos no sólo salud, armonía y potencia física, sino emocional y mental también.

En los puntos donde la Ida y la Pingala se cruzan ocurren vórtices vertiginosos y maravillosos de energía que es lo que conocemos por chakras o generadores de energía. Cada chakra determina dinámicas psicoemocionales, conductuales y físicas, que a su vez son determinados o pautados por el sistema de creencias o la mentalidad de cada individuo.

Cuando la mentalidad de un individuo está confundida, distorsionada o aberrada, sea por la imposición autoritaria, no cuestionada o revisada, de creencias o conceptos familiares/culturales conflictivos; y/o por traumas desde pequeños a severos, se afectan directa y proporcionalmente los chakras, y consecuentemente bloqueando el flujo ascendente y descendente del Prana por la Ida y la Pingala, traduciéndose esto finalmente en una salud emocional y física más o menos desmejorada y disfuncional, de acuerdo con cada caso particular.

A la luz de este entendimiento se puede comprender que la salud depende -tal como la medicina psicosomática y la física cuántica lo demuestran-, que salud o enfermedad son consecuencias de aquello que creemos, de lo que 'pensamos' en nuestras mentes. Que lo que conocemos por enfermedad, es en realidad el síntoma, y que la causa está pues en nuestras creencias, en nuestra mente.

Que sanando la mente es cuando recuperamos la salud, no sólo a nivel físico, sino a nivel anímico, permitiéndonos recuperar el estado o condición armónica propia de los niños, en donde vivimos en paz y en la espontánea compañía interna de ese amor que nos creó y que somos esencialmente.., de esa fuente de existencia y de ser que hemos llamado Dios.

La practica consecutiva, consistente de una meditación, sea dinámica o pasiva, que reactive el libre flujo de la energía (Prana) de modo completo a lo largo de todo el Susuma hasta la Glándula Pineal, que al ésta energetizarse e iluminarse con el Prana, ciertamente influenciará y restaurará la preciada salud, armonía y potencia en nuestros cuerpos mental, emocional y físico.

www.rafaelferraro.net
  
www.facebook.com/rafael.ferraro

Dan Fante, escritor --- "Nunca pierdas el tiempo con algo en lo que tú no creas"

Dan Fante, 


Tengo 68 años. Nací y vivo en Los Ángeles. Casado desde hace 10 años con mi cuarta mujer, tenemos un hijo de 7 años. Mi universidad fue ser taxista en Nueva York: es duro. De izquierdas. Cuando dejas el alcohol tienes que volver a nacer, y en mi segunda vida soy creyente
Cómo arrancaría la novela sobre su propia vida.
Un tipo que está siempre borracho y lleva una pistola. Un tipo muy destructivo que tras veinte años de locura consigue cambiar el rumbo de su vida.

¿Cómo?
Escribiendo sobre la persona que había sido.

¿Un niño solo?
Muy solo, vivía refugiado en la fantasía, inventaba personajes con quienes jugar y hablar. El problema era añadir a mis juegos personas reales.

¿Mal estudiante?
Lo suspendía todo menos la literatura; iba a un colegio de curas irlandeses que nos golpeaban y no tenían sentido del humor.

¿Padre alcohólico?
Más o menos, bebió demasiado, pero no tanto como yo. En los años 50, en Los Ángeles, beber iba asociado a escribir y crear.

Entonces, ¿lo llevaba en los genes?
Sí, cuando bebo una copa de vino me siento como Superman: soy un poeta, un genio...

¿Cuántos oficios ha ejercido?
Quizá cien. Mi preferido fue el de vendedor ambulante de pulseras 'no me olvides' en Nueva York. Se las vendía a secretarias de altos edificios. Ganaba mucha pasta, pero me metían en la cárcel una vez por semana.

También fue taxista.
Sí, y detective privado, acomodador de cine y, lo peor: limpiador de ventanas de edificios de 80 plantas. Imagíneselo: diciembre, el agua resbalándote por los brazos y congelándose en las mangas. Un día me quedé colgando y abandoné. ¿Sabe lo que he aprendido después de tanto trabajo precario?

¿Qué?
Que somos todos niños bonitos intentando recordar que somos niños bonitos.

¿...?
Creemos que los humanos somos muy complicados, llenos de pasiones, pero en nuestros corazones sólo queremos pertenecer a algo, estar en paz, ser amados y amar.

¿Cuándo supo que era un alcohólico?
Tenía poco más de 20 años, pero era mi secreto. ¿Conoce el libro Dr. Jekyll y Mr. Hyde? Ahora soy amable, pero si me da tres copas me vuelvo un energúmeno.

¿Cuánto duró?
Veinte años, era un loco: dos personas en una que no se llevan bien. En algún momento entendí que si seguía me iba a matar.

Entre tanto, tuvo cuatro mujeres.
Un matrimonio no superó el mes, otro no llegó a los tres meses. Mi verdadero amor estaba dentro de un vaso y no de un cuerpo.

¿Y mientras tanto escribía?
Existe la idea poética de que los escritores ebrios crean, pero es ridícula. Abandoné el alcohol a los 42 años y entonces ocurrió.

¿El qué?
Cada persona tiene en su interior un don que trae magia a su vida y hay que encontrarlo. Nunca pierdas el tiempo con algo en lo que tú no creas.

¿Cómo lo halló?
En alcohólicos anónimos me pidieron un inventario de mi vida. Escribí páginas y páginas y descubrí asombrado que tenía algo que decir.

¿Sobre qué escribe?
Sobre las cosas que he visto y vivido. Uno de mis trabajos fue el de detective privado, así nació el detective Bruno Dante, que me ha dado para cuatro novelas.

¿Qué ha querido contar?
Cada hombre es una estrella.

¿...?
Mi primer libro, Chump Change, cuenta el viaje de un hombre hasta aceptarse y perdonarse a sí mismo. Lo opuesto a la locura no es la cordura, es la alegría. Más allá de la habilidad de sobrevivir está la de aprender cómo ser una persona real.

¿Y cómo?
Cometiendo muchos errores. Cuando llegas al final del precipicio y ves lo que hay abajo, sabes que no puedes seguir. Muchos amigos míos se han tirado y no entiendo por qué yo no me tiré, he tenido suerte.

¿Y qué fue de ellos?
Muertos: drogas, crimen, alcohol, gente muy brillante... Mi hermano, que construyó los pies de una de las naves espaciales que pisaron la Luna, un genio, murió alcoholizado.

¿Llora?
Sí. Yo pensaba que él estaba loco, siempre piensas que son los demás los que están locos, y luego te das cuenta de que tú también lo estás. Era la locura colectiva.

¿Pero por qué tanta locura?
Algunas personas no pueden vivir una vida normal, todo les parece difícil y oscuro, tienen que alterar su mente para soportarlo.

¿Artistas débiles?
No, los artistas intentan resolver su identidad. Fíjese en Shakespeare, demasiadas personas viviendo en su mente. Todos estamos en un viaje para descubrir lo que tenemos en nuestros corazones, no hay nada más que importe.

¿Usted lo ha descubierto?
Si perdonas a los demás estás perdonado. El único pecado es no ser amable con uno mismo y con los otros. Somos demasiado duros.

¿A quién ha tenido que perdonar?
Es una lista muy larga: mis padres, mis mujeres, mis jefes, mis hijos. Y yo también he tenido que pedirles perdón, a ellos y a todas las personas que he estafado: vendía cosas por teléfono y gané mucho dinero, pero mentía a todo el mundo, una vez lo calculé: 48.000 personas.
Locura con humor
Empezamos hablando de las cremas exfoliantes de su mujer, exmodelo: "Muy alta y muy delgada", puntualiza Fante, que es bajito; y acabamos llorando la locura de una generación politoxicómana. En Fante. Un legado de escritura, alcohol y supervivencia (Sajalín Editores) enlaza la historia de su padre, John Fante -icono de la literatura norteamericana-, con la propia. A los 20 años Dan abandonó Los Ángeles y llegó a Nueva York, donde sobrevivió ejerciendo variopintos trabajos. Veinticinco años más tarde dejó el alcohol y recuperó la vieja máquina de escribir de su padre. Tiene 11 libros publicados, entre ellos 4 novelas que protagoniza Bruno Dante, inspirado en su época de detective.

La contra . La Vanguardia .Ima Sanchis .16/05/2012

La prensa argentina destripa los intereses ocultos de la expropiación de YPF

Revista de prensa.

 Interesantísimo artículo hoy en La Nación de Argentina. Carlos Pagni descubre los secretos y los intereses ocultos de la expropiación.
 La nueva estrella de La Campora, el viceministro de Energía del Gobierno Argentino para atacar a Repsol deja en evidencia al gobierno Argentino y los intereses económicos de Néstor y Cristina Kirchner cuando obligaron a Repsol a “regalar” el 25 por ciento de YPF a un empresario amigo, Los Exkena los Ezkeazi. Imprescindible para entender la expropiación. 


Alex  Kicillof, viceministro  de economía de Argentina.

Archivo del blog