miércoles, 1 de agosto de 2012

LA PERSISTENCIA DE NIKOLA TESLA



Si todo mito necesita pasar un tiempo en el purgatorio para renacer con más fuerza, Tesla ha ocupado el suyo durante largas décadas de olvido. No hubo nadie que, durante mucho tiempo, se preocupara con la diligencia suficiente a la preservación, clasificación y estudio de su legado.

No tuvo hijos, no dejó herencia, no fundó una gran empresa que preservara la memo
ria de su fundador, ni estuvo vinculado a ninguna gran institución académica que le luciera en sus orlas.

Solo la nueva Yugoslavia surgida tras la Segunda Guerra Mundial, y capitaneada por Josip Broz Tito, nacido como Tesla en lo que ahora es Croacia, tenía el máximo empeño en mantener el recuerdo de quien, además de sus aportaciones científicas, era considerado un símbolo de la unidad del país.

Sin embargo, varias circunstancias contribuyeron a dificultarlo. En primer lugar, la inmediata intervención del FBI que, nada más tener noticia de la muerte de Tesla, ordenó a la Oficina de Propiedad Extranjera (OAP, en sus siglas en inglés) intervenir todos los papeles y materiales de su habitación y de otros lugares, como las cajas fuertes de alguno de los hoteles por donde había pasado.

La elección de la oficina no deja de ser curiosa, sobre todo si se tiene en cuenta que Tesla era, a todos los efectos, ciudadano norteamericano, con lo que debería haber quedado fuera de la jurisdicción de la OAP. Sin embargo, las condiciones del momento pesaron más: el mundo se encontraba en el apogeo de la Segunda Guerra Mundial, y nadie podía estar seguro de hasta qué punto estaba desarrollado el "haz de partículas" del que tanto había hablado Tesla.

Para cuando su sobrino llegó a la habitación, no quedaba nada. El hecho de que Yugoslavia, bajo el liderazgo de Tito, estuviese virando hacia un régimen comunista, no ayudó precisamente a la transparencia del gobierno estadounidense. Se convocó a expertos que examinaron el conjunto de anotaciones de Tesla. El veredicto fue, al menos oficialmente, que no había nada de que preocuparse: Sus pensamientos y esfuerzos durante, al menos, los últimos quince años, fueron sobre todo de carácter especulativo, filosófico y promocional, a menudo preocupados por la producción y transmisión inalámbrica de energía; pero no incluye nada nuevo, salvable, principios practicables ni métodos para conseguirlo.

Sin embargo, lo cierto es que, nada más terminar la guerra, las Fuerzas Armadas estadounidenses pusieron en marcha el Proyecto Nick en la base aérea de Patterson (Ohio), con el fin de determinar si era factible construir un arma de haz de partículas. Como punto de arranque, los científicos encargados recibieron una copia de los papeles que Tesla había dedicado al tema. Ni este proyecto, ni ninguno posterior, parecieron tener éxito. Eso sí, la copia de los papeles desapareció sin dejar rastro.

En 1.952, todo el material fue devuelto al sobrino de Tesla, quien lo envió a Yugoslavia y sirvió de base para la creación del Museo Nikola Tesla, en Belgrado, que abrió sus puertas tres años después, y que en 1957 acogió las propias cenizas del científico. A partir de ese momento, fueron los investigadores del bloque occidental los que vieron dificultado su acceso a los papeles de Tesla, que sí fueron estudiados con detalle por científicos y militares de la órbita soviética.

La sospecha de que los rusos pudieran haber tenido éxito donde los norteamericanos habían fracasado, y que el arma de partículas pudiese convertirse en realidad, fue una de las justificaciones de la costosísima Iniciativa Estratégica de Defensa que puso en marcha el presidente Ronald Reagan en la década de 1980, su famosa "guerra de las galaxias".

El hecho de que los papeles de Tesla hayan permanecido ocultos durante tanto tiempo ha
permitido dar pábulo a toda clase de rumores conspiranoicos que casi han conseguido erigirse en verdades absolutas. Que Tesla dedicara casi la mitad de su vida a un trabajo que no terminó por ver la luz sirve de base para quienes afirman que el gobierno estadounidense, y otros como el ruso, guardan bajo secreto tecnologías prodigiosas, utilizables sobre todo con fines militares.

El nombre de Tesla aparece una y otra vez vinculado al hit parade de las grandes tramas de conspiración. El primero, el llamado experimento Filadelfia, que en 1.943 habría utilizado las teorías de Tesla sobre la naturaleza electromagnética de la gravedad para encontrar un método para hacer invisible un barco. La prueba realizada el 28 de octubre sobre el buque USS Eldridge habría desembocado en unos resultados inesperados: no solo el buque habría sufrido una especie de teletransportación, pues varios testigos habrían afirmado verlo aparecer lejos de allí para desaparecer a continuación, sino que toda la tripulación habría sufrido graves daños psíquicos y fisiológicos, incluidos varios marineros que se habrían materializado fundidos con el metal.

Nunca ha existido prueba alguna de que tal experimento sea verdad, y la Marina ha afirmado de carecer de documento alguno, pero la historia se ha convertido ya en un clásico de los expedientes clasificados.

Por otro lado, y como derivación de esta tecnología tesliana en manos del ejército estadounidense, Nikola Tesla habría tenido el honor de haber inventado el platillo volante que, lejos de tener un origen extraterrestre, en realidad habría surgido de las pruebas de un nuevo sistema de propulsión antigravitoria creado por él.

Y la cofradía del misterio le otorga, además, el grandísimo privilegio de considerar que sus prototipos pueden hallarse escondidos en el famoso complejo del ÁREA 51, EL VATICANO de los creyentes en esta verdadera realidad alternativa. Por supuesto, y como se suele decir en Expediente X, "EL GOBIERNO NIEGA TODO CONOCIMIENTO.

Con el final de la Guerra Fría y el reforzamiento de la conciencia ecológica, el nombre de Tesla quedó vinculado a otro tipo de conspiraciones, las que pretenden silenciar que existe una forma GRATUITA Y LIMPIA DE ENERGÍA.
Sería la prolongación de lo iniciado por J. P. Morgan y, para quienes defienden esta postura, las ideas de Tesla permanecen secuestradas por los grandes lobbies del petróleo y la energía; sin embargo, hay que tener en cuenta que, mientras la investigación en torno a las ideas de Tesla prácticamente se detuvo tras el fracaso de Wardenclyffe, la extensión del tendido eléctrico ha ido cubriendo toda la Tierra, y sustituirlo hoy supondría un elevado coste que nadie está dispuesto a asumir. Además, habría que matizar esa gratuidad de la que se habla: es cierto que el esquema de Tesla contemplaba la transmisión de elevadas cantidades de energía a largas distancias, pero siempre sería necesaria una estación que la lanzara y otra que la recogiera, transformándola además para su consumo a pequeña escala. Es decir, que seguirían haciendo falta unas infraestructuras que muy bien podrían seguir estando en manos privadas, con lo que el esquema en realidad no variaría.

No existe una única opinión entre los expertos sobre si la idea de Tesla es viable. Para muchos, resulta prácticamente imposible, por la extrema dificultad que supondría evitar el despilfarro del sistema.

Además, alertan sobre las graves consecuencias que para el medio ambiente podría tener la liberación de ingentes cantidades de electricidad, bien en la ionosfera, bien en la corteza terrestre; un equilibrio demasiado precario como para tolerar tanta interferencia.

Las investigaciones que se realizan actualmente en el ya mencionado HAARP {High Frequency Actire Amoral Research Program) en Alaska, entroncarían directamente con ese temor.

Más allá de los círculos reducidos de la "conspiranoia", la actividad del HAARP ha provocado denuncias políticas de la Duma rusa (2002) y del Parlamento Europeo (1.999).

El nombre de Tesla ha quedado reducido en numerosas ocasiones a los márgenes de la historia científica, como una extensión de la fama de excéntrico que le acompañó en sus últimos cuarenta años. Han tenido que pasar más de cien años desde sus experimentos para que alguien volviese a obtener resultados parecidos: en el 2007, un equipo del MU capitaneado por el científico croata Marín Soljacic consiguió encender una bombilla de 60 vatios transmitiendo la energía eléctrica a dos metros de distancia. El propio Soljacic ha afirmado trabajar bajo la inspiración de su compatriota Nikola Tesla, aunque sus métodos difieren no solamente en el sistema, sino en las perspectivas de utilización: mientras Tesla pensaba en un método a escala global, Soljacic prefiere centrarse en lo doméstico, y preconiza que la "witricidad", como él la llama, será el método más sencillo y práctico con el que funcionarán la multitud de pequeños aparatos domésticos cuyas baterías tenemos que recargar hoy tan a menudo. Lejos de cambiar el mundo, se busca la comodidad, pero al menos aquí el nombre de Tesla aparece como el de alguien que fue capaz de intuir una posibilidad tecnológica de vanguardia.

Porque, por encima de los resultados concretos, existe una influencia de la figura de Tesla en nuestros días que no ha dejado de crecer, y que no es menos valiosa: la de inspirador de toda una actitud, una ambiciosa forma de buscar la transformación de la realidad que desborda el campo de la ciencia. Más allá de su megalomanía o de su pensamiento a veces excesivamente alambicado, Tesla permanece como una representación de esa rara especie de hombres que, precisamente porque experimentan una ambición difícil de traducir de manera material, suelen estar abocados al fracaso. O al menos, a lo que se considera fracaso, que viene a ser lo mismo que no ganar dinero.

Y sin embargo, de la misma manera que su madre buscaba mejorar la vida diaria de la casa ingeniando artilugios, el pequeño Niko, un niño nacido en una aldea ajena a todo lo que estaba pasando en el mundo, en la que los lobos podían bajar hasta la misma puerta de la casa, comprendió enseguida que podía transformar el mundo para hacer más llevadera la carga de vivir en él.

Rodeado por una naturaleza abrumadora, nunca la vio como enemiga, sino como la representación de un mecanismo mucho más extenso, el que une a todo lo que se mueve en el Universo, una danza universal a la que el hombre debe aprender a acoplarse. Y no contento con reflexionar, con escribir sobre ello, con lanzar ideas que podrían haberse quedado en ingeniosos sistemas filosóficos o espirituales, pretendió dar un paso más allá, ejercer de cuña para que toda la humanidad pudiera mejorar como especie.

Y si vemos lo que hizo, podríamos preguntarnos qué hubiera ocurrido si hubiese alcanzado siquiera una mínima parte de sus sueños durante aquellos veinte años en los que, sin que mucha gente lo supiera, el mundo estuvo a punto de transformarse. Por eso su figura espigada y casi ridiculamente elegante, un personaje de cómic al que alguien hubiera insertado en la vida real, sigue despertando la fascinación e inspiración de todo el que oye, quizá por casualidad, hablar de él por primera vez.

Tan excesivo sería convertirle en un mártir como dar carta blanca a todo lo que escribió o dijo.

Pero es hora de que la figura de Nikola Tesla salga de los márgenes poco iluminados, donde unos pocos saben de su existencia y lo utilizan para justificar sus delirios, para otorgarle el lugar que se merece: una referencia de lo que puede ser capaz el ser humano, con sus capacidades infinitas y sus debilidades siempre al acecho. Porque en realidad, en su afán de limitar lo que de humano había en él, Nikola Tesla acabó simbolizando lo más humano que hay en nosotros.

Dejó escrito: "El presente es de ustedes, pero el futuro, por el que tanto he trabajado, me pertenece".

Y uno tiene la sensación de que es totalmente cierto: el futuro siempre pertenece a personas como Tesla. El resto, apenas conseguimos otra cosa que sobrellevar el presente

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