martes, 26 de junio de 2012

Tras los enigmas de grutas cubanas








Pinar del Río, Cuba, 15 jun (PL) Espeleólogos cubanos develan hoy misterios y rastros prehistóricos entre las abundantes grutas de esta provincia, llamada capital del carso insular.

  Con extensos sistemas subterráneos como la gran caverna de Santo Tomás, entre las mayores de América Latina, el occidental territorio posee, además, otras espeluncas de interés científico, exploradas por expertos.

La Cueva de los Petroglifos en las serranías del municipio de Viñales, atesora numerosas evidencias del arte rupestre, al abrigar 36 diseños de factura prehispánica.

Visibles en las rocas, las series de rayas fueron interpretadas por algunos estudiosos como incipientes técnicas numerales, atribuidas a los aborígenes mesolíticos.

Otra de las joyas de la espeleología pinareña es la Cueva Geda, considerada un prominente reservorio paleontológico, en el cual subsisten restos de criaturas ya extintas.

El sitio sobresale por su material fósil, en máximo estado de conservación, afirman especialistas.

Veterano de los grupos investigativos locales, Hilario Carmenate aseguró a Prensa Latina que las búsquedas por esos escenarios representan una labor agotadora, premiada con cada hallazgo.

Tras escudriñar durante varias décadas las oquedades de la demarcación, explica que la prioridad ahora es reexplorar localidades de relevancia como la península de Guanahacabibes, en el extremo oeste del archipiélago.

Comentó que ese apartado paraje, último refugio de los aborígenes cubanos, posee grutas de significativo valor por la presencia de rústicos instrumentos de trabajo, entre otros vestigios asociados a esos grupos, nombrados guanahatabeyes, hombre tosco en lengua arahuaca.

El rastro de los esclavos rebeldes o cimarrones es seguido también por los investigadores.

Una de las prioridades ahora -adelantó- es el rastreo de nuevas estaciones de arte rupestre, que pueden peligrar por los efectos del acelerado cambio climático.

Tras sobrevivir durante siglos en el interior de las espeluncas, esas manifestaciones artísticas corren riesgo debido a los rayos solares, el escurrimiento de las lluvias o la acción humana, lamentó.

En algunos parajes -acotó- se aprecian ya pérdidas parciales de los trazos o símbolos, otrora visibles a simple vista.

Dejar constancia gráfica de esas creaciones, cuya antigüedad oscila entre los cuatro mil 500 y los 300 años, es desvelo de los integrantes del Comité Espeleológico de Pinar del Río, distante 140 kilómetros de La Habana.

Además de los dibujos a mano alzada y calcos, nos apoyamos en la fotografía para perpetuar el legado de quienes nos antecedieron, e intentar descifrar motivaciones y significados, insistió Carmenate.

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